Un momento… ¿quién está hablando español?
Se acercan las elecciones de noviembre de 2026 y estamos viendo más anuncios políticos en español, sobre todo en las elecciones donde cada voto puede hacer la diferencia. Pero hay algo curioso: que un anuncio esté en español no significa que sea el candidato quien lo hable.

A veces, el candidato habla directamente en español. Otras veces, lo hace la persona que lo acompaña en la campaña o alguien que narra el anuncio. También hay anuncios donde una persona cuenta su propia historia. Y en algunos, el candidato aparece en pantalla sin decir una sola palabra. Todos son anuncios políticos en español, pero cada uno se siente diferente. Y eso nos lleva a una pregunta muy sencilla: ¿importa quién habla?
Veamos un anuncio de la campaña del gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro. En él, una mujer cuenta cómo un beneficio de impuestos puede darles hasta $800 más a las familias que trabajan y cumplen con los requisitos, ayudándolas a enfrentar los altos precios de todos los días. La campaña adaptó el anuncio del inglés al español, y las palabras tienen personalidad. Por ejemplo, “up to $800 more” se convierte en “hasta 800 dolaritos más”, mientras que “shop smart, spend wisely” se transforma en “hacer que rinda el dinero”. No son traducciones palabra por palabra. Son frases que suenan más como hablamos todos los días.
Pero una cosa es elegir las palabras correctas y otra es darles vida frente a una cámara. Al ver el anuncio, me hubiera gustado sentir un poco más de calidez y energía. Quizás una entrevista más relajada o algo más de práctica frente a la cámara habría ayudado a mostrar mejor su personalidad. Después de todo, no todos estamos acostumbrados a hablar frente a una cámara, y ahí es donde una buena dirección puede hacer la diferencia. No se trata solo de hacer un anuncio en español. También hay que saber comunicar el mensaje.
En Florida, el candidato republicano a gobernador Byron Donalds usa otra forma de comunicarse. En uno de sus anuncios en español, Donalds no habla. Quien lo hace es Bryan Ávila, el candidato que lo acompaña en la campaña. Ávila es hijo de cubanos que salieron de su país y habla directamente en español sobre el costo de vida, la seguridad y “una Florida libre, fuerte y próspera”. La palabra libre es muy común, pero puede tener un significado especial según quién la escuche. Donalds presentó a Ávila en la Torre de la Libertad de Miami, un lugar muy importante en la historia de muchas familias cubanas que llegaron a Estados Unidos. Por eso, una palabra tan sencilla como libre puede recordar experiencias e historias familiares.
Es un buen ejemplo de cómo las palabras pueden tener un significado que va más allá de lo que dice el diccionario. Claro que conocer esas historias no reemplaza la necesidad de explicar las propuestas. El anuncio promete una Florida donde sea más fácil pagar los gastos, pero en sus 30 segundos explica poco sobre cómo lograrlo. Las palabras pueden llamar nuestra atención, pero lo que se dice después también importa.
Luego está Randy Villegas, candidato al Congreso por una zona del Valle Central de California. En el anuncio en español Luchar, vemos a Villegas, pero otra persona cuenta la historia. Es fácil preguntarse por qué no habla español él mismo. Sin embargo, hay algo que muchas veces olvidamos: no todos los anuncios políticos son hechos por los candidatos que aparecen en ellos. Los partidos y otros grupos también pueden crear sus propios anuncios, a veces sin trabajar directamente con el candidato. Eso significa que la persona que vemos en pantalla no siempre decide cómo se cuenta la historia. Así que la pregunta no es solo quién habla español, sino también quién decide quién habla.
La campaña de la gobernadora de Arizona, Katie Hobbs, nos muestra otra manera de contar una historia. En No Se Rinde, la versión en español de un anuncio sobre su vida habla más de cuando trabajaba manejando para Uber para mantener a sus hijos y de su trabajo ayudando a mujeres que habían sufrido violencia en sus hogares. Es la misma candidata, pero su historia se cuenta de una manera diferente. Después, en De Puro Sudor, conocemos al dueño de una mueblería que comenzaron sus padres y que ahora él continúa. Su español no suena como el de un locutor de televisión, pero eso puede hacer que su historia se sienta más cercana. Además, no se trata solo de problemas económicos. Es una historia sobre el trabajo, la familia y el orgullo de continuar lo que empezaron sus padres.
Lo interesante de De Puro Sudor es cómo se unen las distintas partes de la historia. Escuchamos al dueño del negocio hablar sobre la mueblería que comenzaron sus padres, y vemos fotos de él con Hobbs. Las fotos ayudan a mostrar la relación entre la gobernadora y la persona que cuenta la historia. Es un detalle sencillo, pero importante: cuando hablamos de una relación, mostrarla puede darle más fuerza al mensaje.
Estos anuncios nos muestran que hablar español es solo una parte de lo que hace que un mensaje conecte con la gente. También importa quién habla, qué historia cuenta, qué palabras usa y qué vemos en pantalla. Algunos estudios muestran que escuchar mensajes políticos en español puede influir en si los votantes latinos sienten que un candidato entiende sus necesidades y quiere representarlos. Pero hay una gran diferencia entre hacer el esfuerzo de llegar a la gente y lograr que esa gente se sienta comprendida.
Traducir lleva las palabras de un idioma a otro. Formar una conexión hace que las personas sientan que importan.

Y esa conexión empieza mucho antes de traducir una frase. Comienza al pensar en quién va a hablar, qué historia queremos contar y si realmente conocemos a las personas que van a escuchar el mensaje. Las campañas políticas no son las únicas que deben pensar en esto. Las marcas, las empresas y las organizaciones enfrentan el mismo reto cuando quieren comunicarse con personas que hablan distintos idiomas o vienen de diferentes culturas. Porque hablar el idioma de alguien es una manera de llegar a esa persona. Hacer que se sienta comprendida es lo que crea una verdadera conexión.




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